
Así comienza el segundo relato
Eloísa
Román era una joven de unos 28 años. Se dedicaba a la moda; era asesora y
coordinaba los desfiles con las pasarelas supervisando las nuevas colecciones.
Se pasaba la vida entre Madrid y Barcelona, no tenía tiempo para el amor ni
tenía pareja.
Su
cabello era corto y rubio, tipo Marilyn Monroe, ligeramente ondulado. Su luz la
hacía parecer mayor de lo que era. Su mirada era profunda y el color de sus
ojos, gris plata. Inconfundible. Sus labios, carnosos y sensuales; su cuerpo,
delgado, con pechos firmes y de caderas bien pronunciadas.
Una
perfecta guitarra.
Era
15 de julio y hacía tanto calor que no
se recordaba un mes de julio tan horrible como aquel en los últimos años.
Eloísa
ya tenía sus deseadas vacaciones. Llevaba demasiado tiempo sin descansar y
disponía de quinces días para ella. Este año estaba muy estresada por el gran
volumen de trabajo que había tenido.
Para
su descanso había elegido un apartamento precioso en primera línea de playa.
Anhelaba tomar el sol y tenderse en la arena y por la noche, cuando se quedase
dormida, escuchar el vaivén de las olas al romper contra la arena.
Su
primera noche allí llegó tarde y solo pensó en descansar, lo necesitaba. Era la
hora de irse a la cama, de modo que fue al servicio y se preparó para pasar la
primera velada en su retiro. El servicio no era grande y poseía un espejo viejo
y un lavabo con muchos usos, demasiados; miró su reflejo y solo vio cansancio.
Peinó su cabello y, sin más, se fue a la cama, en la que se quedó dormida nada
más caer.
Se levantó tarde a la
mañana siguiente. Había dormido mucho, por lo que se puso un biquini azul
cielo, se colocó un pareo de flores azules y rosas, y se encaminó a la playa
donde, nada más llegas, tendió su toalla y se sentó en ella. Se echó el factor
de protección potente que había comprado. Impregnó su cuerpo de aquel líquido
brillante, se puso sus gafas oscuras y miró a su alrededor; no era una playa
muy concurrida, había algunas familias con sus niños, pero precisamente delante
de ella contempló a dos jóvenes. Uno tendría los treinta años y el
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