viernes, 17 de marzo de 2017

EL ASESINO QUE SURGIÓ DE LA NIEBLA

“Volví a sentir unas inmensas ganas de vivir
cuando descubrí que el sentido de mi vida
era el que yo le quisiera dar”
Paulo Coelho
BRUMA OSCURA
I
Todas las ciudades y los hechos, al igual que los personajes que aparecen en este libro, son fruto de mi imaginación. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
El asesino que surgió de la niebla.
Alan
El timbre del teléfono suena varias veces, mientras me despierto atolondrado por el sueño. El ruido que hace el maldito auricular suena demasiado estridente dentro de mi cabeza. Me levanto de la cama, tambaleante, antes de llegar al teléfono, el cual está en el salón, en una mesita cerca de la puerta de entrada.
Me duelen los ojos, abro y cierro mis párpados varias veces, antes de que se acostumbren a la tenue luz. Miro por la ventana, buscando una brizna de claridad. Tenía la persiana medio bajada, por ella veo la oscuridad de la madrugada, que se cierne sobre la ciudad. Descuelgo el auricular, escucho la voz de mi compañero que me dice:
—Buenas noches comisario, perdone que lo despierte, necesitamos su ayuda.
—No se preocupe por mí, cuénteme, ¿qué ha sucedido? —le pregunto intrigado.
—Un crimen, señor, estamos en la ciudad vieja, en la calle Wine número 35.
—De acuerdo, llegaré dentro de media hora.
—Aquí le esperamos, hasta luego.
Cuelgo el teléfono. Me dirijo al cuarto de baño, tengo que lavarme la cara con agua fría para despertarme del todo. Lo primero que hago es abrir el grifo y recoger un puñado de agua en las cuencas de mis manos, me lo estampo en la cara, cojo la toalla y seco mi rostro mientras me miro en el espejo, con mis ojos de color azul claro. Soy alto, moreno, aunque me parece que por poco tiempo, he visto que tengo una cana, un pelo casi blanco, este acampa a gusto en mi negra cabellera. Tengo más de cuarenta y dos años y creo que no estoy mal del todo.
Miro el reloj, son las cinco de la mañana, me han dado una mala noticia. «¿Quién habrá muerto?», me pregunto mientras me visto.

Soy el comisario Alan Barton. Vivo en Black Mists, es una ciudad grande, por el centro de la misma pasa un río, el cual la divide en dos partes; a un lado, la parte que es muy antigua y vieja, en la cual parece que el tiempo no ha pasado. La otra es más viva y moderna. El río es muy caudaloso, las aguas que lleva tienen un olor pestilente. Tengo la impresión de que en la vieja ciudad es como si nada hubiese evolucionado. Las calles están empedradas, el pavimento es de color oscuro, la humedad que hay sobre el suelo es muy consistente. Los coches no pueden circular por ellas, porque son estrechas y deterioradas.

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